Sunday, June 24, 2007

El día que nunca existió: La vuelta.

La vuelta de Los Ángeles fue un tanto épica. Porque nos levantamos a las 3.00 de la madrugada del viernes y yo llegué a mi casa a las doce de la noche del domingo. Eso son dos días viajando…

Dormimos una siesta y devolvimos el coche. Adios Mustang. Adios descapotable. Adios modelos haciéndose fotos con nuestro coche. Sniff, sniff. Te echaremos de menos.

Cogimos el avión a Chicago y allí tuvimos que esperar unas tres horas para conectar con nuestro vuelo. Es curioso esas situaciones que se producen en los vuelos. Unos están reventados y melancólicos por lo que dejan detrás y otros sin embargo están totalmente alegres e ilusionados, por lo que se van a encontrar. Es el contraste entre los que se van y los que vuelven.

Llegamos a Madrid a las nueve de la mañana del domingo y, tras esperar más de cuarenta minutos, al fin salieron nuestras maletas por la cinta. Ahora sí, podíamos decir que estábamos aquí. Fuimos a casa de Javi y descansamos hasta las 7 de la tarde. Eso, posteriormente, me rompería durante varios días. Porque al llegar a mi casa, en Valencia, no pude dormir. Así que en toda la noche del domingo al lunes estuve danto vueltas y sin poder pegar ojo. El famoso jet lag me atacaba con fuerza. Me sorprendió porque otras veces que he cruzado el charco no me ha pasado, pero este viaje era más lejano. Y mi cuerpo lo notó. Pero bueno, aunque me ha costado varios días volver a ser persona, ya estoy aquí. Recuperado y con ganas de seguir dando guerra al cuerpo. Así que ya sabeis. A Tope. Siempre a Tope!

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Viernes, last day

Teníamos una zona pendiente de ver: Rodeo Drive y Beverly Hills. El mundo de ensueño y glamour, dinero y belleza.

Las habíamos visto de pasada en los días anteriores, pero son zonas que merecen una visita más a fondo. Así que el viernes por la mañana, nuestro último día, nos dirigimos hacía allí por la mañana.

La verdad es que el día que pasamos por Rodeo Drive de noche nos impacto más. Y os explicaré porqué. Los Ángeles es una ciudad muy horizontal, con casa bajas y grandes distancias. Todo está, como decirlo, poco cuidado. De repente, en medio de la noche, aparecer en Rodeo Drive, que tiene todas sus tiendas bien cuidaditas, con un paseo en medio, arregladito. Fue como entrar en un mundo de cuento.

Pero al verlo de día, la impresión fue diferente. En realidad no deja de ser una calle Colón de Valencia, o mejor dicho, una calle como Poeta Querol. O un Passeig de Gracia de Barcelona. O un… no sé cuál es la calle de las tiendas caras de Madrid! Jaja.

Eso sí, con toda la élite. Bulgari. Versace. De Beers (los diamantes). Ralph Lauren (el diseñador auténtico, nada de politos para la plebe). En fin, mucho nivel.

Y Beverly Hills… pues como el Vedat de Torrente, la moraleja o La Cañada. Un rollito urbanización. Muy arbolada, muy verde. Y muy tranquila, claro. Es Beverly Hills! Eso sí, todos los coches aparcados en las casitas… De Mercedes para arriba. Ferrari, Porsche, Rolls Royce… etc.

 

Por la tarde nos hicimos nuestra última pachanga basketbolera en Venice Beach. La verdad, tienen mucha planta, pero son muy malos! Jaja. Les dimos un repaso a todos. Fácil. Para eso somos spanish, world champions.  ; )

 

Y nada, vuelta al hotel, y a jugar a meter todo en la maleta… ¡y que cierre!

Al final, por supuesto, lo conseguimos. Todo menos la pelota que había ganado en Universal City. Fue una forma de decir que allí se quedó algo de nosotros para siempre.

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Vuelta a casa

El Jueves nos pegamos otro buen desayuno y volvimos a Los Ángeles. Lo que ya teníamos como nuestra casa, la verdad. Porque en L.A. nos manejamos como si viviéramos allí desde hace una década. Lo de ir con coche y tener que sacarte tú las castañas en vez de ser guiado por tours o autobuses hace que te aprendas la ciudad de pe a pa. Y como todo el mundo nos ha tratado tan bien en L.A., pues la verdad, la sentíamos como nuestra casa (no como Las Vegas, por cierto, una ciudad en la que la sensación es “si te despistas, te la van a clavar…”).

Esta vez adoptamos aquello de “a donde fueras, haz lo que vieras” y nos dejamos de límites de velocidad y nos acoplamos al ritmo que llevaban el resto de vehículos (a la ida nos pasaba todo el mundo). Es como si Las Vegas nos hubiera espabilado un poco…

Así que la vuelta se hizo más rápida que la ida. Aunque tb fue bastante pesada, pero bueno, mucho menos. Llegamos a Santa Mónica justo a tiempo para ver el último partido de la final de la NBA. Nos dirigimos a un bar con una buena tele, y allí pasamos la tarde-noche, picando cosas mientras veíamos el partido. Después nos dimos una vuelta por el muelle de Santa Mónica (muy famoso) y coincidió que estaban grabando una película o una serie, no lo sabemos muy bien qué era. Pero estaban en la playa, con unos surfistas. Estaban preparando la escena, así que esperamos un rato y como aquello parecía ir para largo nos fuimos. No vimos ninguna estrella, la verdad, pero había unas cuantas caravanas de estrellas en el parking…

Al final de la noche volvimos a nuestro hotel y nos echamos unas partidas al billar mientras poníamos música de la gramola… Bienvenida a casa, Dorothy.

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Cómo no perder la cabeza en Las Vegas (nadie dijo nada de la cartera)

La noche pasada fue movidita. Salimos, vivimos experiencias nocturnas, todo genial hasta que… Hasta que se me olvidó la cartera en un taxi!! Me di cuenta al instante. Fue bajar del taxi y decir. Eh! La cartera!

Como en las películas, cogimos otro taxi de inmediato y le dijimos: ¡Siga a ese taxi!

Pero como esto no era una película, no lo encontramos.

Entonces volvimos al hotel para que en seguridad vieran con las cámaras el número de licencia y poder localizar el taxi en el que había perdido mi cartera.

Esta anécdota la contaré personalmente, pero la resolución final fue que, tras pasar más puertas que el superagente 86, llegué a Seguridad del hotel e hicieron todo lo posible, pero no pude recuperar mi cartera. Eso nos dio bastante bajón, como es normal, pero bueno. La vida en Las Vegas sigue. Siempre sigue.

A la mañana siguiente, la del Miércoles, dimos una vuelta por la ciudad, para ver los edificios, fantásticas edificaciones. Atracciones de feria, está claro. Simples reproducciones. Pero que merecen la pena verse. ¿Lo malo? Por el día en esa ciudad sólo se puede estar en un sitio, y no es por la calle dando vueltas. ¿Has adivinado ya qué sitio es ese? Sí, acertaste. La piscina del hotel… O debería decir mejor, LAS piscinas. Porque tenía cinco piscinas y tres jacuzzis. Éstos, por cierto, de agua salada y… caliente!

Una de las piscinas era como unos rápidos, tenía corriente. Y te daban unos neumáticos de esos que flotan y… ale! A rodar! Jaja. Lo pasamos genial ahí, con unos margaritas gigantes que calmaban nuestra sedienta garganta. Uno de los mejores momentos de Las Vegas!

No podíamos dejar de probar uno de los famosos buffets de la ciudad, así que esa fue nuestra cena. Había de todo. Había quien se ponía ciego de marisco. Y quien se ponía a tope de carne. Nosotros, por supuesto, lo probamos todo. Ya me conocéis, si es nuevo, lo tengo que probar. Y en general estaba todo muy bueno. No exquisito, pero sí bastante bueno.

Y después, a Studio 54. Replica más pequeña de la mítica discoteca de Nueva York, ponían una música impresionante. Tremendamente buena. No paramos de bailar en toda la noche. Y el ambiente era genial. Lo pasamos increíblemente bien. ¿Qué menos no? Era nuestra última noche en Las Vegas…

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Martes, ni te cases ni te embarques

Pese a que era Martes, nos embarcamos rumbo a Las Vegas. La verdad, esperábamos no casarnos en una de sus capillas rápidas, y menos aún rollito Elvis. Aunque francamente, habría sido algo divertido. El caso es que cogimos el coche y realizamos una larga travesía por el desierto de Nevada. El calor era francamente insoportable fuera del coche. Incluso vimos los famosos espejismos que se ven en los desiertos. Os puedo asegurar que durante un rato parecía que al lado de la carretera, en una zona que en realidad era una llanura solitaria, daba la impresión de que hubiese un enorme lago de agua azul. Como teníamos agua en el coche y buena temperatura, no alucinamos, pero sin duda que el desierto, sus reflejos y la inmensa luz dan visiones de lo que no hay. Así que comprendo perfectamente esas historias de alucinaciones y espejismos.

Las Vegas, por cierto, está bastante lejos de Los Ángeles, a unos 450 kilómetros. Como teníamos bastante respeto por la autoridad local, fuimos todo el viaje respetando la velocidad indicada, unas 70 millas por hora (110 km). Y así se nos hizo el viaje… ¡eterno!

Por el camino paramos a comer algo y entramos en una cadena de hamburquesas que aún no habíamos probado. Tomamos unas hamburguesas y unas patatas con chile que… madre de dios, menuda cerdada. Jajaja. Pero estaba bueno.

Y la sensación al llegar a Las Vegas (visible a 30 km de distancia) es de… ¡Madre mía! Lo has visto mil veces en la pantalla, pero impresiona igualmente. Es increíble todo: las construcciones, las luces, el resplandor del strip (la calle principal), la cantidad de gente que hay moviéndose de un lado para otro… Y hay de todo. Gente joven. Familias con hijos. Jubilados… De todo.

Y nuestro hotel… Fantástico. MGM Grand. Un auténtico lujo de hotel a un precio muy bueno. Con una cama!!!! La mejor cama en la que he dormido jamás!!! Qué comodidad. Era realmente celestial. Magnífica.

Cenamos algo rápido y nos vestimos elegantemente. La primera noche en Las Vegas estaba al caer.

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Friday, June 22, 2007

En la meca del cine: Bienvenidos a Hollywood!

El Lunes nos levantamos con un dolor de cabeza intenso. Eso sí, nos repusimos con un desayuno, hoy sí, decente.

Al coger el coche nos dimos cuenta que teníamos una multa de la noche anterior por estar mal estacionados. No sabíamos muy bien porqué era, ya que lo habíamos dejado en principio bien, en un parquímetro. Luego sabríamos el motivo: el coche hay que dejarlo mirando hacia el lado correcto. Me explico, si aparcas en el lado de la derecha, el coche tiene que mirar hacia ese lado. Y viceversa. En fin, cosas que no sabes si no eres de allí o no te las explican. 38 $.

Hoy toca Hollywood. Al llegar, por cierto, tuvimos otro problema con el parking, porque estábamos poniendo monedas en el parquímetro y de repente dice: failed. Que se ha fastidiado, vaya.

Como había un poli de parquímetros por allí cerca fuimos a comentarle la jugada al colega y el mamón empieza: No se ha roto. ¡Tú lo has roto! ¡Has sido tú! ¡Tú lo has roto!

Y empieza a descojonarse. Estaba de broma el tio. Jaja. Qué mamón. El caso es que dijo: Si, bueno, esto es lo típico, no os preocupéis. Jaja. Y a otra cosa mariposa.

Hollywood. Ahí estábamos. Como quien no quiere le cosa. Quién nos lo iba a decir a nosotros que íbamos a estar en la meca del cine tal día como hoy. Ahora, que te digo una cosa, lo tienen muy mal, ¿eh? No lo cuidan nada. Sin ir más lejos, el suelo estaba todo lleno de pintadas, con gente firmando en el suelo, poniendo las manos y tal… La verdad es que es muy curioso saber que ahí han estado gente como Frank Sinatra, Jack Nickolson, Steven Spielberg, Steve McQueen, Rita Haywoord y hacía tan sólo dos días habían dejado ahí sus huellas George Clooney y Matt Damon.

Todas las firmas se encuentran en la entrada del teatro chino, y aún queda mucho sitio disponible. Así que estáis a tiempo de hacer carrera y tener vuestro huequito entre las estrellas. Luego, lo que es el paseo de la fama, pues qué queréis que os diga. Al principio son todo actores super famosos, pero el paseo sigue por todo Hollywood y acabas encontrándote con nombres que no conoce ni el Tato. Bueno, serán famosos allí en los USA, pero desde luego aquí… Nos tiramos un rato leyendo nombres que ni nos sonaban ni ná de ná. Pero bueno, es realmente curioso estar en Hollywood Boulevard. Buenas sensaciones.

Por cierto, el cartel de Hollywood, ese que copiaron de Cullera (o era al revés), pues que no se ve! En las películas sale por todas partes. Y parece que sea un símbolo de la ciudad que se va a ver desde todas partes. Pues no. Nada más lejos de la realidad. De hecho, tuvimos que buscarlo un rato para poder encontrarlo. Al final, entre dos calles y allá al fondo, descubrimos la montaña con las letras. Pero vamos, eso fue una pequeña decepción. Eso sí, estar, estaba.

De ahí nos fuimos a comer algo, que ya tocaba. ¿Qué cerdada nos tocaba hoy? Pues comida mexicana, que aún no la habíamos probado.

En vez de ir a un típico Taco Bell, decidímos entrar en una cantina más familiar. Da gusto cuando te hablan en cristiano para variar! Jaja. Porque claro, ahí eran mexicanos. Nos tomamos unos burritos y unas fajitas muy buenas, pero por lo que más queráis, no se os ocurra probar unos condimentos que ponen a parte, como si fuera Ketchup. Te puedes poner todo el que quieras, pero es cosa del demonio. Ya sabéis, os hablo de pepinillos, guindillas y otras cabronadas semejantes. Porque eso era infernal ¿eh? Qué manera de picar, por el amor de Dios. Y nosotros que somos tan valientes… Ale, venga, pa dentro. Jajaja.

En fin. De ahí fuimos a Venice Beach. Que teníamos mono de basket.

Venice Beach es otra de las ultra famosas playas de Los Ángeles, sino la que más. Y se merece esa fama. Es la de las chicas patinadoras. Los musculitos haciendo pesas en pleno paseo de la playa (en la zona conocida como Muscle Beach), la que sale en la película White Man Can´t Jump, donde Woody Harrelson da una lección a Wisley Snipe. Y por cierto, la playa de los hippies, los auténticos. Los pocos que quedan, están ahí. Menudas pintas. Tíos auténticos. Verdaderos hippies como no había visto en mi vida. Eso sí, estaban un poco como los Rolling Stones. Incombustibles, pero abueletes ya. Y es que los sesenta quedaron muy lejos.

Pasear por Venice Beach es una sensación impresionante. Algo que todo el mundo debería hacer al menos una vez en su vida. Esta todo lleno de puestecitos, ya digo, auténticamente hippies, no como los de moraira. Y lleno de gente peculiar, como un negro viejecito que iba en patines tocando una guitarra eléctrica como si fuera Jimmy Hendrix. Ahora, el mejor era un tio que se pasaba todo el día de pie, quieto en un sitio donde había puesto un cartel que indicaba que a dos metros estaba su puesto de Tatoos. El tio se pasaba todo el día como si fuera una estatua, pero moviendo el brazo indicando la tienda. Es que es para verlo. Jajajajajajaja. Qué descojone. Y qué lástima no haberle hecho una foto, de verdad. Pero bueno, fantástico todo, como os digo.

Y jugar allí en la playita… pues tiene un rollito fantástico. La verdad, a ver si aprenden por aquí. Porque eso sí que es fomentar el deporte. Había cuatro canchas de baloncesto, con gradas y todo. Pero también había para jugar a tenis, a vóley playa, por supuesto, a fútbol, para hacer skate… incluso tres pistas de squash! Increíble.

El nivel de los negritos de por allí… mucha pinta de jugador de basket, pero luego no tienen ni idea. Si es que las cosas están como están por algo. España, campeona del mundo. Pues eso. Nosotros fuimos unos perfectos representantes de España. No hace falta que diga más, ¿no? Pues ala, a otra cosa.

Por la noche estábamos bastante cansados, de todo el día por ahí rodando. Pero ya sabeis, A Topeeeee, siempre a tope.

Y nos fuimos a Hollywood boulevard otra vez, porque resulta que allí es donde está la animación. Si buscáis marcha en L.A. tenéis que ir allí.

Cenamos en un restaurante típico de hamburguesas, un local muy de película. Y estaba todo buenísimo y encima… ¡fue barato! Gran sorpresa. Me esperaba algo como en Nueva York, pero lo cierto es que Los Ángeles es diferente. Ni la mitad de cara para comer que la gran manzana.

Y luego acabamos en un club que tenía un rollito underground porque ni tenía cartel a la entrada ni nada. Sólo tres negros muy grandes haciendo de segurata. Eso sí, muy amables, no como aquí. Dentro… bueno. La música, impresionante. Musicón otra vez. Esta noche más rollito Le Club, que al final te acaba cansando. Pero muy buena eh? Y el nivel de la people… Fantástico. No puedo decir más. Ya os explicaré personalmente cómo estaba el nivel, ya…

; )

 

 

A TOOOOOOOPE!!!!!

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Thursday, June 21, 2007

Domingo de cine

El Domingo, como nos habíamos costado temprano, nos levantamos temprano, claro. Quizás demasiado, a las 6:30. Así que fuimos a desayunar, pero francamente, después del primer día, los demás desayunos ya nunca fueron lo mismo. En concreto el Domingo incluso tuvimos que hacer dos desayunos. Como lo oís. Primero un baggle o como se escriba, que es como un croissant, pero muy diferente. Relleno de tortilla, queso y jamón de york.

Y un zumo y un café. Todo carísimo y bastante menos bueno y sustancioso que el día anterior.

Total, que al cabo de un rato vimos un Dunkin Donuts y no lo dudamos un instante. Segundo desayuno y A Tope, jaja.

 

Bueno, ahora sí. Llenos de gasolina pal body nos fuimos directos a los míticos estudios Universal. Llegar fue una pequeña odisea, porque fuimos por la freeway (la autopista) y justo la salida que teníamos que coger estaba cortada por acciones de mantenimiento. Y claro, se lió el asunto. Pero bueno, más o menos llegamos enseguida.

Una vez en los estudios, todo salió redondo. La entrada costaba 61 dólares (joer), al cambio, unos 45 euros. Y luego aquello, pues bueno, como un parque temático, pero dedicado al cine. Que si Frankestein, que las películas de miedo, que si Too Fast to Furious, La Momia, King Kong, Jurasic Park, Psicosis, Llamaradas, La Guerra de los Mundos… Esas cosas. Básicamente, con esas películas se montaban atracciones como montañas rusas, recorridos en piragua, etc. Y después de esas atracciones había un recorrido en el famoso tren de la Universal que te iba pasando por decorados que tienen allí en los estudios. En esos momentos se está rodando por ahí Mujeres desesperadas (pasamos por la calle de la urbanización) y CSI. Bastante curioso la verdad.

Ah! Antes de irnos no pude dejar de probar suerte en una de esas cosas que coges un martillo y golpeas fuerte. Si haces subir el barómetro hasta arriba del todo, ganas un premio. Y como el premio era una pelota de basket, no pude dejar pasar la oportunidad. La verdad es que creo que a la chica le di un poco de miedo porque le pregunté si hacía falta golpear muy fuerte y primero me dijo que sí, pero al verme la cara de bruto me dijo que tampoco demasiado. Jajaja. Pensaba llevarme esa pelota sí o sí. Así que le pegué un zambombazo que la gente se quedó flipada. La verdad, pensaba que había que pegarle más fuerte para ganar a esas cosas. Si alguien me ve por el Messenger, tengo una foto con el famoso balón. (Por cierto, balón que al final no pudimos traernos a España porque intentamos desincharlo con un clip –remedios caseros para situaciones de emergia- y aunque se desinchó bastante, no fue suficiente para que cupiese en nuestra petada maleta). Pero al menos nos echamos unos cuantos tiros con él en Venice Beach.

Por la tarde queríamos ir a la playa, pero se puso el cielo bastante gris y como estábamos cansados de todo el día danzando por el parque y del sol que por la mañana sí que había pegado, al llegar al hotel por la tarde nos hicimos una siestecita de campeones. Nos vino fenomenal y por la noche encargamos una Domino´s Pizza y con un par de cervezas nos pusimos a tope. Después salimos un poco por la zona en la que estábamos, pero no había casi animación (era Domingo!). Así que preguntamos y al final nos indicaron un sitio a unas cuantas manzanas: el Circle Bar.

Cogimos el coche para ir hasta allí y nos pasó algo que no olvidaré. Como estaba cerca pero no sabíamos cuán cerca y aquello estaba bastante oscuro, íbamos despacito por el carril de la derecha. En eso se pone un coche de policía detrás y nos indica que paremos. ZAAAS!! Te enchufan dos millones de vatios de luz y te quedas flasheado. La sensación en ese momento es de: la cagamos!

Jaja

En eso se me acerca el policía, un chinorris, y me pide el carnet de conducir. Me maldigo porque no lo llevo encima. Le indico que llevo el pasaporte y tras unos segundos, lo acepta.

Me pregunta de dónde somos y que si habíamos bebido. Y yo… Nooooo!! Qué va! En la vida se nos ocurriría ni probar una cerveza ni nada…! Y el tio me hace un gesto como de… pues tu amigo va fino… porque aquí huele a alcohol. Jaja. Y yo… glups!

En fin, sólo había bebido un par de cervezas, pero suponía que era suficiente para dar. El asunto es que se nos apareció la virgen y el tio me indicó que estaba prohibido circular por el carril de la derecha de noche, porque era el de aparcar. Y yo, en plan dando lástima, señor agente soy un guiri que no se entera de ná, usted comprenderá, jaja. El caso es que nos dejó marchar tranquilamente. Ufff!

Bueno, llegamos al Circle y lo cierto es que el sitio estaba muy bien. Pequeñito, pero suficiente para pegarse la fiesta. De gente, lleno. De mujeres, muy bien. Y de música… ¡¡increible!! Super musicón. Me pasé toda la noche bailando a tope. Realmente fantástica. Un gran sitio. Circle Bar, en Main Street, Santa Mónica.

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Wednesday, June 20, 2007

Cambios sobre la marcha

Cambios sobre la marcha

Desde Valencia habíamos reservado ya hoteles para toda nuestra estancia, pero claro, en la distancia nunca sabes dónde te vas a meter.

El hotel que teníamos en Los Ángeles era el Kawada. El hotel está muy céntrico, pero eso no siempre es algo positivo. Porque el downtown de L.A. es una zona dedicada principalmente a negocios y oficinas, por lo que de noche la animación es bastante reducida. Y en general, la oferta de ocio.

Además, está muy cerca de Chinatown y Japantown. Vamos, que no es una de las zonas más boyantes de la ciudad. Así que al segundo día lo primero que hicimos fue cambiarnos de hotel y buscar algo más glamouroso. Y nos fuimos a la playa. A Santa Mónica. Ohh sí! Ahí sí que se estaba bien.

Tras ver varios hoteles, entre ellos el mítico Hotel California, de la canción de los Eagles, recalamos en el Pacific Sands (nuevamente, disponer de una guía de viajes nos vino realmente bien). Posiblemente uno de los hoteles más baratos de Santa Mónica, pero en primera línea de playa.  Realmente, el aspecto era como en las películas. Ni más ni menos. Si habeis visto una serie reciente de Cuatro llamada Habitación Perdida sabreís a qué me refiero. Y si no, imaginaos cualquier película americana en la que los protagonistas pasan la noche en un hotel de los baratos.

El caso es que para lo que necesitábamos, nos bastaba. Coste: 120 dólares por noche. (Ojo, barato para la zona, tampoco era un precio tirado…).

Una vez tuvimos un lugar en el que meter las maletas (en el maletero del mustang sólo cabía una, y no era plan de ir dejando el coche por ahí con una maleta a la vista), nos fuimos a un Outlet.

Cogimos la carretera de Malibú (en las películas parece una zona más fashion, la verdad, aunque se notan los titos, y los surferos). Por cierto, descapotamos y fuimos tan inconscientes de no ponernos crema solar. En 30 minutos estábamos totalmente chumascados. Dios, qué manera de pegar el sol. El caso es que nos dirigimos a Carmarillo Outlet. Resultó estar a fer la mar. Pero bueno, una vez allí pasamos toda la tarde viendo tiendas. Con grandes encuentros, como el de Ecko Unlimited. Una marca que personalmente me encanta y en España es, primero, difícil de encontrar. Y segundo, bastante cara.

En fin, Nike, Adidas, Vans… y hasta una tienda outlet de Sony! Un poco más y me llevo una cámara de vídeo.

Y así pasamos el Sábado, primer día oficial en Los Ángeles.

Al llegar al hotel estábamos tan cansados que nos quedamos fritos al instante. Y así, hasta el desayuno del día siguiente…

 

A TOOOPEE!!

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Simpatía

En contra de lo que uno pueda pensar de una ciudad como Los Ángeles, resulta una city sumamente tranquila y con gente super amable. Evidentemente, no nos metimos en barrios de pobreza extrema. Pero tampoco teníamos necesidad ninguna. Por todos los sitios de la ciudad que nos movimos (y creerme, fueron muchos), la sensación era de seguridad y de que no iba a pasar nada. Y todo aquel con quien nos cruzamos o a quien nos dirigimos, siempre respondía con amabilidad y con ganas de ayudar. A veces incluso, sin que tú se lo pidieras. Como un día que un quiosquero nos indicó que estábamos aparcando del modo incorrecto.

En el avión de Chicago a Los Ángeles, Javi y yo viajamos separados. Yo viaje junto a dos chicas, una a cada lado, y no sabría decir cuál de las dos era más simpática. Realmente se desvivían por aconsejarme sitios, etc.

Yankees of L.A., thanks for your affection

 

A TOOOPEE!!!

Posted by Alejandro in 22:32:55 | Permalink | No Comments »

No tiene precio

Al llegar a LAX fuimos directos a Fox Rent a Car. Por internet vimos que alquilar un Mustang descapotable costaba unos 250 dólares. En la guía que había comprado ya avisaba que los precios de alquiler de coche que ves luego se duplican, por las tasas y los seguros. Me pareció un poco exagerado, pero…

Cuando pedimos el coche, el hombre nos preguntó si queríamos todos los seguros disponibles. Dijimos que sí, por aquello de que más vale ser prevenido y tal. Pero cuando vi la factura se me pusieron los ojos como platos. Más de 600 dólares!! Eso superaba con mucho nuestro presupuesto para un coche… Inmediatamente le dije al hombre que rebajara seguros y que nos pusiera lo mínimo. Aunque desafortunadamente, lo mínimo apenas bajaba el precio. Al final, una semana y un día de alquiler de coche nos costó 576 dólares. Una pasta.

Eso sí, más tarde descubriríamos que fue una pasta bien invertida. No nos arrenpentimos de ello.

El coche, fántastico. Un Ford Mustang bastante nuevo. 23.000 millas. Lo pedimos en rojo, pero no les quedaban y al final nos lo dieron negro. La verdad es que el rojo estaba chulo, pero el negro molaba aún más!

Y bueno, allá que íbamos con nuestro coche automático. Los primeros pasos son extraños, tiras a embragar y, claro, frenas. Jaja. Porque no hay pedal de embrague, lógicamente. Pero la costumbre es la costumbre. Pero bueno, enseguida se acostumbra uno. Y entiende porqué en EE.UU. conducen a los 16 años. Eso es más sencillo que llevar un coche de autos de choque. Acelerar. Frenar. No tiene más. En fin, estos yankees siempre tan sencillos.

He titulado el post “No tiene precio”, porque lo cierto es que la sensación de conducir un descapotable por Los Ángeles, la verdad, no tiene precio. Indescriptible. En ese momento uno se siente verdaderamente happy. Además que te sientes una mezcla entre vacilón y soy el amo. Jaja. Desde luego, era una buena forma de empezar las vacaciones.

Pero si las sensaciones nada más coger el coche fueron estupendas, al día siguiente ya si que fue lo máximo. Por la mañana temprano nos dimos una vuelta por el Downtown de Los Ángeles, que es donde están los rascacielos de la ciudad y los edificios más antiguos y emblemáticos. Uno de ellos es el Walt Disney Civic Center, una reciente construcción, nuevo símbolo arquitectónico de la ciudad. Es un auditorio diseñado por el mismo arquitecto del museo Guggenhein de Bilbao (y como tal, muy parecido).

El asunto es que estábamos por ahí y estaban haciendo una sesión de fotos a dos modelos que no estaban nada mal, con el Civic Center de fondo. Como en Los Ángeles la gente es muy simpática (y las chicas no tenían desperdicio, la verdad), ni cortos ni perezosos nos acercamos hacia ellas para charlar un poco. Al final acabaron diciéndonos que les encantaba nuestro coche y que si se podían hacer unas fotos con él. Les dijimos que si, a cambio de hacerse unas fotos con nosotros, claro. Y bueno, el resto es historia. Pero como decía, en esta vida hay cosas que no tienen precio.

 

 

A TOOOOOOPE!!!!

 

Posted by Alejandro in 22:13:10 | Permalink | No Comments »